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El Optimismo

Publicado en Mente Sana 53 (enero 2010).

Imagínese que Ud. tuviera poderes para ser un hada madrina y le pudiera dar a sus ahijados el don del optimismo o del pesimismo, ¿cuál de éstos cree que otorgaría con más frecuencia? O si usted mismo pudiera escoger entre ser pesimista y ser optimista, ¿qué preferiría? Probablemente la mayoría de nosotros diríamos que el optimismo. Casi todos sabemos que éste es algo deseable, pero ¿por qué?

El optimismo tiene que ver con nuestras expectativas sobre el futuro y con nuestras metas.

Las personas optimistas esperan que les sucedan cosas buenas, mientras que los pesimistas esperan que les pasen cosas malas.

A veces lo que sabemos de manera intuitiva y lo que nos dice la ciencia son dos cosas diferentes. Pero en el caso del optimismo, la sabiduría popular y la psicología científica coinciden en que hay diferencias importantes entre las personas optimistas y las pesimistas, y que en general es mejor ser optimista, tal como lo señalan C. Carver y M. Scheier (2005), dos de los investigadores más importantes sobre el tema.

El optimismo tiene que ver con nuestras expectativas sobre el futuro y con nuestras metas. Las personas optimistas esperan que les sucedan cosas buenas, mientras que los pesimistas esperan que les pasen cosas malas.

A veces pensamos que ser optimista simplemente consiste en “pensar positivamente” o “visualizar cosas buenas”, como si el sólo imaginar o desear los acontecimientos fuera suficiente para que sucedan, Pero no es así. Las investigaciones nos indican que el optimismo no se trata solamente de una forma de pensar, sino de cómo traducimos estos pensamientos a la acción, de los pasos que tomamos activamente y de cómo nos comportamos, especialmente ante la adversidad. Los optimistas piensan que la adversidad se puede manejar exitosamente, y por eso se enfrenta a los retos con confianza y perseverancia. Los pesimistas esperan lo peor, temen un desastre y por eso tienden a dudar y evitan actuar ante los retos. Esta diferencia es muy importante y tiene repercusiones en muchos ámbitos, como el manejo del estrés y la salud.

Se han estudiado diversos grupos de personas que se enfrentan a situaciones muy difíciles y se ha encontrado que el optimismo juega un papel importante en la manera en que se desenvuelven.

Las investigaciones sugieren que el optimismo no sólo tiende a protegernos ante la adversidad, sino que también puede promover el bienestar.

Hay investigaciones que indican que las personas que tienen más optimismo ante el diagnóstico de una enfermedad seria o antes de un procedimiento médico complejo, tienden a presentar menos sufrimiento emocional a lo largo del proceso e incluso años después (por ej. las mujeres con cáncer de seno o las parejas que viven una fecundación in vitro infructuosa). Un estudio que ilustra especialmente bien las ventajas del optimismo es el realizado por Carver y Scheier (1995) con un grupo de hombres a quienes iban a operar del corazón (by- pass coronario). Se midieron sus niveles de optimismo-pesimismo antes de la cirugía y se observó que en la víspera de la operación, los optimistas mostraban menos hostilidad y depresión. Una semana después del by-pass, los optimistas se mostraban más contentos y satisfechos con su cuidado médico y con el apoyo de sus amigos. Seis meses después de la operación, los optimistas mostraban una mejor calidad de vida. Ésta se mantuvo 5 años más tarde y se vió que los optimistas hacían más ejercicio, tomaban vitaminas, comían alimentos bajos en grasas y participaban en un programa de rehabilitación cardiaca. Es decir, los pacientes optimistas estaban involucrados de manera activa con su salud, hacían más cosas para mantenerse saludables.

El optimismo tiene un efecto positivo no sólo en los enfermos sino en quienes cuidan de ellos. Se han estudiado cuidadores de pacientes con enfermedades crónicas o terminales y de pacientes con Alzheimer ́s y se ha encontrado que los cuidadores con mayores índices de optimismo presentan menos depresión y tienen mejor salud física que los pesimistas. Estas investigaciones sugieren que el optimismo no sólo tiende a protegernos ante la adversidad, sino que también puede promover el bienestar.

¿Cuál es la diferencia entre el optimismo y el pesimismo?

Ser optimista no significa simplemente esperar lo mejor y olvidarse del asunto, o no pensar en los problemas o en sólo tener “pensamientos positi- vos”. Lo que los investigadores han encontrado es que el optimismo y el pesimismo representan estrategias diferentes para enfrentarse a la adversidad. La gente que tiene confianza respecto al futuro se esfuerza y se involucra en las situaciones, aún ante circunstancias difíciles. Las personas que tienen más dudas sobre el futuro tienden a evadir la adversidad o a darse por vencidas.

Se han identificado claramente las estrategias de las personas optimistas:

• Enfocarse en las metas •

Enfrentar el problema

• Verle el lado positivo (dentro de lo posible)

• Aceptar la realidad

• Planear cómo enfrentarla.

Mientras que el pesimismo se caracteriza por el abandono de las metas, la negación, y el no enfrentar el problema o el reto. Es interesante mencionar que se ha encontrado que el pesimismo se correlaciona con el abuso de sustancias y del alcohol, como una forma de evadir las situaciones difíciles en vez de enfrentarlas.

¿Podemos aprender a ser más optimistas? Hay ciertos datos que sugieren un componente genético, que hay gente “naturalmente” inclinada al optimismo y que éste en general se mantiene estable en diferentes circunstancias y a lo largo de la vida. Otros estudios apuntan a que las experiencias tempranas tienen que ver con el desarrollo del optimismo, especialmente el tener una vinculación significativa y segura con un adulto durante la infancia. Sin embargo, también hay evidencia de que el optimismo y el pesimismo se pueden modificar.

El Dr. Martin Seligman, uno de los fundadores de la psicología positiva, y su equipo en la Universidad de Pensilvania, han desarrollado un método llamado ABCDE para ser más optimistas (Seligman, 1992, Reivich & Shatte, 2003). Está basado en la idea de que nuestra forma de pensar afecta cómo nos sentimos y cómo decidimos comportarnos. Se trata un ejercicio por escrito que consiste en:

A ADVERSIDAD Describir una experiencia adversa que hayamos tenido recientemente. Escribir qué sucedió, cuándo, dónde y con quiénes, tratar de ser lo más objetivo posible.

B CREENCIAS (del inglés Beliefs) Escribir qué nos decíamos a nosotros mismos durante el evento adverso, cuáles eran nuestras ideas en ese momento.

C CONSECUENCIAS ¿Cuáles fueron las consecuencias de pensar de esa manera?

D DISPUTA Cuestionar esas creencias, encontrar y escribir evidencia que contradiga la creencia negativa o la ponga en perspectiva.

E ENERGÍA ¿Cómo cambia nuestra sensación de energía al hacer estos pasos, especialmente al disputar nuestras propias creencias negativas?

En resumen, el optimismo ayuda a la gente a sufrir menos ante la adversidad, a manejar las situaciones difíciles de manera constructiva y a tomar los pasos necesarios para lograr un futuro mejor. El pesimismo, en contraste, lleva a la gente a desarrollar patrones auto-destructivos.

Obviamente no siempre se puede ser siempre optimista, hay situaciones en las que sería ingenuo o inapropiado serlo. Incluso algunos autores hablan de que el pesimismo a veces tiene sus ventajas. Yo estoy de acuerdo con el Dr. Christopher Peterson, uno de los investigadores más importantes de la Psicología Positiva, quien dice que no se trata de tener un “optimismo ciego”, sino un optimismo flexible, porque que hay mucha evidencia que claramente señala que, en general, es mejor tener una postura optimista que pesimista. Practiquemos el ser más optimistas y descubramos qué impacto tiene en nuestra vida.

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